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Nueva convocatoria de Cursos de Sensibilización
- 06 de mayo de 2020
- Publicado por: admin
- Categoría: Berriak
La acción, el movimiento, el juego son la vida del/ de la niño/a pequeño/a… ¿cualquier acción, movimiento o juego sirven para un desarrollo saludable?
Estamos en tiempos extraños, de confinamiento y de “nuevas normalidades”, con mascarillas, distancia física, desconfianza y miedo…
Durante estas últimas semanas parece que mucha gente se ha dado cuenta de la importancia de la relación presencial, cuerpo a cuerpo, de la necesidad de estar con los otros, abrazarse, tocarse.
Y ello es mucho más evidente en el caso de las niñas y niños: la necesidad de que jueguen con otros niños y niñas, que salgan al exterior, que se muevan…
Esto es algo que, en nuestras formaciones y en nuestra práctica con la infancia, siempre lo hemos tenido muy claro, y siempre lo defenderemos.
La importancia básica de cuidar que las niñas y niños quieran y puedan actuar, moverse y jugar es, debería ser, el objetivo de todo sistema educativo y terapéutico. Y que lo hagan en condiciones adecuadas que faciliten un desarrollo global armónico y saludable.
Pero que las acciones y juegos de una niña o niño le sirvan en su itinerario de construirse como un ser autónomo, creativo, con deseo y capacidad de comunicarse, con capacidad de pensar, no depende exclusivamente de tales acciones o juegos.
No es el salto el que hace al niño, es el niño al saltar quien se construye de una manera determinada, dependiendo de su manera de saltar, de vivir el salto, de la historia que le acompaña y le ha llevado a saltar de una manera determinada, en un momento determinado, con una corporalidad determinada y una emoción y sentimientos determinados…
Es lo “que se juega en cada acción y en cada acto de juego” (parafraseando a J. Angel Rodríguez, compañero psicomotricista) lo que les da valor.
Y lo que se juega no es una competencia motriz (que también), sino una experiencia vital, una vivencia que junto a otras van permitiendo a cada niña y cada niño construir-se, construir su visión del mundo y de sí mismo, desplegando la globalidad de su desarrollo como individuo, sujeto de su cuerpo, de su acción, de su juego, de sus sensaciones, de sus movimientos, de sus imágenes, pensamientos y representaciones simbólicas. Sujeto de su itinerario de maduración.
¿Pero cuál es la base, qué es aquello que las niñas y niños necesitan para poder desear actuar, moverse, jugar, de manera saludable para el desarrollo de su autonomía?
Sin duda, contar en su vida con adultos que posibiliten que accedan al placer de actuar, de moverse y de jugar. Solo a partir de la base de seguridad suficiente sostenida por esos adultos es que surgirá en cada niño/a el deseo de experimentar y el placer de hacerlo.
Adultos con actitudes y conductas cuidadosas y empáticas, que establecen relaciones claras, sostenedoras, contenedoras y posibilitadoras con las niñas y niños, creando experiencias agradables, de confianza y seguridad.
Y cuando hablamos de adultos profesionales de la educación o la terapia, entonces hablamos de adultos que se forman para comprender esas acciones y juegos, comprender esos movimientos y esos cuerpos, comprender esas “personas-niños/as”, y dándoles sentido, desarrollar actitudes adecuadas de escucha, ajuste y acompañamiento, que permitan ofrecerles respuestas e intervenciones que sostengan, contengan y abran caminos a la autonomía y el crecimiento.
Esto es, en un resumen muy general, lo que buscamos en los procesos formativos de nuestra Escuela. Procesos formativos coherentes con los principios que aplicamos en la práctica con las niñas y niños.
Procesos formativos en los que el respeto a la persona, a su autonomía y su capacidad de construir son algunas de las bases esenciales que los conforman.
Procesos formativos que se fundamentan en la interacción de los tres niveles:
- Formación Personal: Piedra o eje fundacional de nuestra manera de comprender la formación de aquella persona que va a trabajar con la infancia y que, por ello, constituye el contenido básico de los Cursos de Sensibilización que planteamos como entrada y acercamiento a nuestras formaciones.
- Formación Teórica: No en el sentido de “aprender” conceptos y acumular conocimientos “bibliotecarios” sobre la infancia, sino para dar luz y sentido a la práctica que proponemos y a las acciones, movimientos y juegos de las niñas y niños. En un ir y venir entre la vivencia y los conceptos que le dan luz.
La F. personal, que se va entrelazando con la teoría en nuestros procesos formativos, viene, precisamente, a evitar los peligros de la racionalización y a posibilitar la integración de estos conceptos no solo como conocimiento teórico sino en las actitudes y acciones del profesional, en su manera “de ser y estar” como psicomotricista.
No se proponen trabajos teóricos, basados en el “corta-pega” de textos, sino la realización de memorias, basadas en la experiencia individual, que sirven para esa integración que buscamos en nuestra formación, y que se basa en nuestros grandes principios: “del placer de hacer al placer de pensar; de la vivencia al concepto; simbolizar lo vivido para integrarlo y darle sentido; poner palabra a lo vivido; sentir para pensar, pensar para sentir”.
- Formación práctica: Lo que da sentido a todo lo demás, porque de nada sirven grandes y sesudos análisis teóricos y buenas intenciones si no somos capaces de desarrollar en “la verdad de la práctica” todo aquello que “sabemos” y que “sentimos”. Recordar que el nombre de lo que proponemos es PRÁCTICA psicomotriz, en el sentido de que no se trata de una técnica o método, sino de una propuesta que busca el equilibrio entre cierto nivel “técnico o metodológico” y las capacidades y actitudes subjetivas del/de la psicomotricista. Por ello contamos, una vez más bien entrelazado en el tiempo y en su progresividad con lo trabajado en los otros dos campos de la formación, con un cuidado proceso de prácticas que lleven a la “práctica autónoma” de cada psicomotricista, tanto en educación como en terapia, contando con una estudiada estructura de acompañamiento, desarrollada en diferentes sistemas de tutorización, observación, supervisión y evaluación de los procesos individuales de formación.
Unos sistemas de evaluación alejados del criterio de “examen final” y fundados sobre el “diálogo evaluativo”, en donde la capacidad de auto-evaluación y el aporte de “espejos productores de sentido” sirvan para el desarrollo de las propias capacidades y la construcción de los recorridos auto-formativos.
Esto es lo que podéis encontrar en nuestras formaciones de educación y terapia. Para cuyo acceso convocamos los presentes cursos de Sensibilización.
Luzaro Psikomotrizitate Eskola y el Centro Asociado UNED- Bergara llevamos más de 30 años colaborando para ofrecer una formación rigurosa y de calidad, que viene quedando refrendada por la amplia presencia y el probado reconocimiento en los ámbitos escolares y terapéuticos de las y los profesionales formado/as en nuestra Escuela.
Puedes leer la carta oficial aquí:



