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Confinamiento con bebés: La búsqueda del equilibrio
- 18 de abril de 2020
- Publicado por: admin
- Categoría: Berriak

Continuando con nuestras reflexiones sobre la vida y cuidado de los bebés en este confinamiento, hoy nos toca hablar sobre la búsqueda del equilibrio entre la relación directa, muchas veces “cuerpo a cuerpo”, entre los adultos cuidadores y los bebés, y la “actividad autónoma” de éstos.
Pero antes, no podemos olvidar volver a reivindicar la búsqueda de sistemas, seguros evidentemente, que permitan que los bebés y las niñas y los niños pequeños/as puedan aspirar el aire de la calle. Parece que esta posibilidad, por fin, está a punto de llegar…veremos.
¿Qué pasa en esta sociedad que cuesta tanto encontrar soluciones para acompañar a los seres queridos enfermos, a los ancianos, a los moribundos, y cuidar la salud vital de los más pequeños, y sin embargo, cuando hay, por ejemplo, una guerra se movilizan cantidades enormes de dinero y de medios con gran rapidez?
Bueno, vayamos a nuestro tema…
Toda la seguridad y bienestar que el bebé van a encontrar en los cuidados amorosos y en los cálidos brazos de sus adultos cuidadores, así como en sus descansos reparadores, son la gasolina que va a poner en marcha el motor del deseo de existir, de crecer, del bebé, de manera que se van a activar tanto sus recursos de buscar la cercanía del adulto como los de comenzar a mirar e ir hacia al mundo exterior.
Y a ello van a colaborar sus procesos madurativos, de manera que sus capacidades sensoriales y motrices se van fortaleciendo y ampliando, ofreciendo cada vez posibilidades más ricas y complejas.
El bebé, hasta los ya mencionados 5/8 meses (ver primer escrito) está “en su cuerpo”, actuando a través de los recursos que su biología le ofrece, y recibiendo la atención de los adultos, que ya no es exclusivamente biológica (satisfacer las necesidades biológicas) sino “humana” y “humanizadora” (quererle, darle afecto, considerarle sujeto e interlocutor válido, son maravillosas las “conversaciones” con los bebés, darle valor de “ser humano”).
Y después de los 5/8 meses, el bebé ya activa sus recursos en base a la relación con ese adulto que ha descubierto que es fuente importante de sus sensaciones, vivencias, etc.
Comienza el juego entre el apego y la separación, entre el cerca y el lejos, entre dependencia y autonomía (no es casual que en la dinámica de desarrollo global, las competencias motrices vayan coincidiendo con las psico-afectivas y cognitivas). Todo ello, a partir de que el bebé puede comenzar a mover más su cuerpo, cambiar de posturas, y comenzar a desplazarse en el espacio…siempre cerca del suelo (voltearse, arrastrarse, sentarse, gatear…), y luego ya vendrá el querer ir hacia arriba, hacia la vertical, nueva capacidad que es otro símbolo de la humanización.
Se trata de, a partir de la base de suficiente seguridad de los adultos cuidadores, posibilitar el encuentro (en tranquilidad, sin prisas, sin adelantarse ni obligar, sin sobre-estimular ni ejercitar, ni “hacer aprender”) del bebé con el espacio, los objetos, y siempre, con su propio cuerpo, como fin y como medio, en continua interacción.
Hablamos de permitir la autonomía del bebé, confiar en sus capacidades y dejar que conquiste sus movimientos y sus acciones, que le van a permitir desarrollarse con un sentimiento de capacidad y validez, base de su futura identidad.
En el próximo escrito, hablaremos más concretamente de cómo acompañar este desarrollo autónomo de las competencias motrices del bebé, haciendo referencia inevitable a Emmi Pikler y a Bernard Aucouturier, referencias esenciales en todo enfoque educativo que pretenda ser respetuoso con la autonomía del bebé.



